Sentir la brisa en contacto directo con la piel, liberarse de complejos o ponerse moreno de forma integral son razones que aducen algunos de los bañistas que disfrutan plenamente, y como se viene al mundo, de las playas nudistas granadinas. La cosa está en pasar un buen día de arena, mar y sol desnudos en la Costa Tropical, que ofrece interesantes alternativas para quien decida atreverse con una práctica que cuenta en España con más de 400.000 adeptos.
El litoral granadino tiene tres playas muy valoradas por quienes practican el nudismo. La primera hace honor a su nombre: la Joya. Se encuentra a siete kilómetros de Motril, al finalizar Torrenueva. El complicado descenso por sus 234 peldaños deteriorados es el punto débil de una cala paradisiaca que impacta por la pureza de un mar turquesa con aguas transparentes.
Sonia e Higinio, una pareja que lleva tres años en esta práctica, recomienda la experiencia. «Es una playa de película, vale la pena el esfuerzo por pasar aquí el día» aseguran. Pese a que carece de servicios por ser una zona virgen, la afluencia es cada vez mayor, sobre todo es frecuentada por homosexuales y jóvenes que huyen de las masificaciones. «Ellos tienen fuerza y voluntad para poder subir y bajar todos esos escalones» explica Pedro Rodríguez ‘El Michelín’ -apodo que tiene por su trabajo en el taller del simpático muñeco de las ruedas- un naturista que lleva más de cuarenta años dorando su cuerpo íntegro al sol. Su ‘kit nudista’ consta de una toalla, zapatillas y crema de factor 40 «para las zonas sensibles».
Según Teresa y Pilar, dos chicas jóvenes de la capital, en la Joya se echa en falta «una duchita, un quiosco para un helado y un apartado para los mirones», que según ellas pasean plácidamente mientras clavan miradas obscenas. «Es lo de menos, te llegas a acostumbrar porque no te queda otra, aunque el ambiente en general es muy agradable y no hay el colapso de otras playas» constatan.
No obstante, la más conocida y transitada por ser la más antigua es Cantarriján. Enclavada en el paraje natural de Maro-Cerro Gordo, a ocho kilómetros de Almuñécar, está reconocida como nudista desde 1996. Cuenta con más de 350 metros de impecable playa y, aunque su acceso es sencillo, durante julio y agosto dispone de lanzaderas que por sólo dos euros acercan al bañista hasta la mismísima orilla. Es bastante apreciada sobre todo por extranjeros alemanes, algo que se nota rápidamente nada más pisar la arena ya que se puede confundir fácilmente con una playa mallorquina. Es curioso observar que conforme se avanza por la orilla, hay más desnudos y las personas que allí están se comportan con una mayor naturalidad… cuestión de veteranía.
Pedro asegura que quien pisa Cantarriján regresa porque se practica el naturismo más puro, tanto que no es raro ver cabras montesas en los cerros. Además, insta a cualquiera que se atreva a practicar submarinismo en la Cueva de las Palomas, antiguo escondite pirata, para disfrutar de una biodiversidad única.
Silvia y Lara, dos jóvenes cordobesas, afirman que lo más destacable es que allí «no se escucha una voz más alta que otra, y además en el chiringuito se come muy bien». Para Silvia es su primera experiencia, algo que se nota al entrevistarla ya que instintivamente hace un ademán de tapar sus ‘vergüenzas’. «Se pasa mal la primera media hora por quitarte el bañador delante de personas que no conoces, luego el pudor desaparece» admite.
Un peñón divide la playa en dos partes. En la primera de ellas se entremezclan tanto nudistas como textiles -personas que sí llevan prendas de baño-, mientras que su presencia en la segunda parte de la playa es casi nula.
Y es que quien quiera ir tras el peñón, deberá despojarse de todas sus vestiduras si no desea ser objeto de aplausos por parte de los ‘amos’ de la playa. Lo de los aplausos es una costumbre que adoptaron para mantener a raya a los mirones, «una enfermedad a extinguir, aunque cada vez se ven menos», reconoce Pedro.
Paulino, natural de Ciudad Real, acude aquí con toda su familia para disfrutar de sus días de descanso «sin construcciones, aparcamientos o cualquier otra cosa que me recuerde a la civilización». Además asegura que no entiende la postura de muchas playas de no aceptar el desnudo. «En cualquier sitio existen vestuarios donde es algo completamente normal verse desnudo, ahora bien, si eso mismo ocurre en la playa y mezclado con el sexo opuesto, adquiere una connotación sexual cuando no debería ser así» se lamenta.
Juan Vílchez es un jubilado que viene todos los años desde Jaén para pasar disfrutar en Almuñécar sus vacaciones. Su ‘excusa’ es que la humedad del bañador le afecta los riñones. Cree que no existe una conciencia naturista real en estas playas puesto que en más de una ocasión ha tenido que llamar la atención a grupos de jóvenes «maleducados» dejan basura en la arena cuando se marchan. Sin embargo, lo que más le molesta son los bañistas que traen a sus mascotas. «A nadie le gustaría que un perrito le lamiera el culo» critica entre risas.
Por último está la playa de El Muerto, ubicada tras la playa de Cotobro, en Almuñécar. Este año dispone de más servicios como un chiringuito portátil que deleita a sus visitantes con preciosos conciertos de jazz. Su acceso es sencillo mediante unas pasarelas instaladas en las rocas que desembarcan en una playa de 280 metros de longitud, ecléctica en cuanto a visitantes se refiere al ser muy permisiva en cuanto al detalle de llevar prendas de baño. En esta zona se mezclan textiles con nudistas, ya sean extranjeros, familias, parejas jóvenes u homosexuales, quienes la conocen como El Muerto Rosa.
Para quienes decidan disfrutar de unas vacaciones al desnudo y no saben donde pasar la noche, existe la posibilidad de alojarse en los apartamentos Eagle Peak, en Cotobro. Son propiedad de una pareja británica que oferta seis apartamentos de lujo con inmejorables vistas al mar y servicios de todo tipo, como paseos en barco o senderismo en jeep. Dentro del complejo no hay reglas, la máxima es el respeto al vecino, por lo que cada uno es libre de mostrar o no su cuerpo. Así pues las tres playas granadinas garantizan unas inolvidables vacaciones desprovistas del traje de baño, conservando la intimidad de quienes optan por un turismo alternativo.
Fuente: ideal.es














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