Galicia cumple 27 años de naturismo, con 58 playas de uso nudista y 19 aceptadas oficialmente por las instituciones. Porto Carrizo, última en apuntarse.
En el Paraíso Original todo iba bien hasta que Eva mordió una manzana, Adán descubrió que estaban desnudos y la serpiente se dedicó a sembrar cizaña. La Biblia describe así la aparición del erotismo, el pudor y el pecado: tres fenómenos culturales y ruborizantes entrelazados en nuestros cerebros desde que empezamos a usar bañador. Aquella inocencia y libertad de nuestros ancestros, antes de la aparición del taparrabos, sólo se despliega en las playas nudistas. Galicia cumple este verano 27 años practicando el naturismo en libertad, sin prohibiciones ni sonrojos.
Nuestra comunidad autónoma cuenta actualmente con unos 58 arenales de uso nudista. Algunos incluso con desembarco esporádico de carnes al aire, como Morouzos (Ortigueira): dunas que durante el Festival Internacional del Mundo Celta acogen una feliz convivencia de cuerpos desvestidos. Pero solamente 19 de estas playas cuentan con autorización oficial de las administraciones para la práctica naturista. La última en incorporarse a este listado antibañador: Porto Carrizo, en Valdoviño. A esta calita comprendida entre Pantín y Baleo, sólo los connaiseurs accedían a través de las rocas o saltando entre picajosos tojos. Su nombre se incluye ahora entre clásicos del bronceado total como Melide (Illa de Ons) Barra (Cangas).
Pero el destape llegó a Galicia incluso más tarde que la Transición, a golpe de grilletes mientras Rafaella Carrá sonaba en las radiofórmulas. En 1983, se asentó en nuestras costas un auténtico movimiento de liberación de playas. El atrevimiento se saldó con al menos 14 detenidos mientras sonaban los últimos ecos del tardofranquismo. Porque la dictadura también acabó con los brotes naturistas de los años 30. Durante cuatro décadas, cada nudista descubierto por las autoridades acababa en prisión. Ni siquiera el movimiento de 1983 pudo legalizar definitivamente el naturismo. Todavía en 1989, una reforma del Código Penal despenalizaba el delito de escándalo público o “acciones que ofendan al pudor y las buenas costumbres”. Y el nuevo Código Penal de 1996 ayudó a autorizar definitivamente las prácticas nudistas. Sin embargo, la Asociación Naturista de Galicia señala que “algunos ayuntamientos tienen ordenanzas obsoletas y pueden sancionar, pero el afectado debe recurrir porque le amparan leyes de rango superior y el principio constitucional de no discriminación”.
Esta asociación, nacida en 1997 en Ferrol, difunde los beneficios de la vida al aire libre y de una exposición total del cuerpo al sol: “El hecho de mostrarnos tal y como somos se traduce en una mejora de las relaciones sociales”. Pero aquellos nudistas de los 80 tuvieron que tragar carros y carretas para defender sus derechos. En la playa de Castro de Baroña (Porto do Son), un sacerdote y un guardiacivil propiciaron la detención de 14 nudistas. A los arrestados incluso se les midieron los pies, “como delincuentes comunes”. Y en Barra (Cangas), los vecinos empezaron a tomar el sol con rastrillos y fouciñas amenazantes hacia los nudistas: hasta que las autoridades se pasearon para evitar un linchamiento.
Fuente: El Correo Gallego









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